Uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida.

 

Por Analia Panella. 

 Analia, disfrutando del sol irlandés.

Analia, disfrutando del sol irlandés.

"Uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida..."

Si pienso en esa frase, me traslado a cuatro años atrás, cuando estaba en un avión camino a un país pintado de verde. Yo, con un título de traductora recién impreso, un plan de estudio y un bolso, llegaba a Irlanda a conocer esa cultura de la que tanto había leído, a poner a prueba mis años de estudios y a lanzarme a la vida lejos de mis fieles protectores; mis padres.

Y llegué de noche, tarde, tardísimo, a una casa ubicada en un barrio que, obviamente, no conocía. A pesar de la hora, esa mujer con la que sólo habíamos cruzado algunos e-mails, estaba esperándome con una taza de té y un chocolate. Sentí cómo mi corazón quería salir del pecho de alegría. Entré a la casa de Marion...

- Este es tu cuarto, aquí está tu baño, esta es la clave de la alarma, acá anotada está la clave de Wi-Fi....¿Te gusta la Nutella?.

Y ahí estaba yo, con dos claves anotadas, un té en la mano, mi bolso y aquella mujer, tan sonriente, preguntándome qué me gustaba comer. Me encontraba en el país de mis sueños... si no me hubiese querido dar de comer en toda mi estadía, no habría puesto objeción.

Al día siguiente me desperté en mi habitación, agarré el celular y leí mensajes de mi hermano, de mis amigas, y un mensaje desalentador de alguien que había quedado en Mendoza. Abandoné el celular, me bañé, y así sin más, volví a mi sueño hecho realidad.

Luego de desayunar con Marion y charlar sobre mis clases de inglés de negocios, salí a tomar el autobús. El sol estaba radiante, algo no muy usual cuando del clima irlandés se trata. El país me daba la bienvenida.

 Cuando los particulares acantilados de Irlanda reciben rayos de sol.

Cuando los particulares acantilados de Irlanda reciben rayos de sol.

Durante mis días en Galway hablé sobre literatura, escribí ensayos, presenté un proyecto de negocio para mi clase, visité acantilados, viajé en bicicleta, tomé cerveza mientras escuchaba una banda celta en vivo, conocí gente increíble, visité otras ciudades, hice amigos, caminé bajo la lluvia con una sonrisa que ocupaba todo mi rostro.  Ahí aprendí a andar sola sin sentir soledad, derribé barreras culturales relacionándome con aquellos que andaban solos como yo. Descubrí que todo lo que había estudiado había tenido grandes frutos y que dependía de mí que así continuara siendo. Me desprendí de las cosas que me generaban peso para caminar más liviana. Aprendí que la vida es lo que yo haga con ella.

 Caminando por las callecitas de Galway, Irlanda.

Caminando por las callecitas de Galway, Irlanda.

Y volví, así como me fui, volví. Con mi bolso, sin Marion y sin té, pero con el corazón más grande. 

Dejé una partecita de mí en Galway, trayendo una parte de esa ciudad conmigo. Y hoy, si de algo estoy segura, es de que algún día volveré, volveré a disfrutar de sus verdes y sus cervezas, volveré para enamorarme otra vez de sus acantilados, volveré para recordar el sabor de la lluvia. Definitivamente volveré a mi Irlanda querida… volveré a ese lugar donde amé la vida.

 

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Sobre la autora...

Analia es argentina, de Mendoza, y tiene 26 años. Profesora de flamenco y Traductora pública de Inglés. Ama la danza, los niños, leer, escribir, y viajar. Trabaja free lance y está llevando adelante AP Soluciones Empresariales. Su ingrediente secreto es la pasión, la cual utiliza para todo lo que hace. Podés contactarla a través de Instagram para más información. Hacé #clickalmundo con ella.